La aventura
La aventura —Pero ¿por qué no les das uno de los otros, Owen? ¿Aquel grande de all�
—Bobadas, Mary. No volveré a ver el bote. No lo echaré de menos. Sebright es el único que lleva razón. ¿No has oÃdo lo que dijo? Es muy sensible. Pregunta a Sebright. Él te lo explicará de nuevo.
Era Sebright, con su rudeza y su discreción, con sus accesos de brusquedad atenuados por un desprecio casi afectuoso, quien se ocupaba de todos sus asuntos, como yo he visto a una vieja nodriza, digna de confianza y experimentada, solventar las infinitas confusiones de una habitación llena de niños. Su clarividencia y comprensión parecÃan independientes de la edad y de la experiencia, como las facultades de un genio. TenÃa un excelente ojo para los detalles, y a partir de una simple indicación hacÃa planes con asombrosa precisión. El plan que nos habÃa asignado —en vano y sin resistencia— estaba basado en la necesidad que tenÃamos de abandonar el barco.