La aventura
La aventura Un grito discordante se elevó del banco negro, y un insensato rechinar de cadenas sacudió la madera hueca. El hombre de los grilletes, cuya cabeza había estado oculta, se retorcía a causa de un ataque epiléptico. El gobernador empezó a hacer señales a los carceleros y la deprimente asamblea en pleno se puso de pie y estiró el cuello para poder ver. Los carceleros empezaron a sacarlos rápidamente del edificio. El hombre del pelo rojo estaba de cuclillas al fondo del estrado negro.
El llavero me cogió por el extremo de la manga y me sacó a la fuerza por la puerta.
—Váyase —dijo—. Salga de aquí… Mecachis con mi buen carácter.