La aventura
La aventura Agitaba con gran nerviosismo una hoja de periódico.
—¿Qué quiere decir eso? —pregunté.
La cabeza me daba vueltas.
—Los periódicos radicales se ocupan del asunto —dijo—. ConfÃe en ellos, que tienen buen olfato. Y los periódicos del gobierno les responden. Dicen que va usted a pagar por sus crÃmenes. Escuche esto… hummm… «El maldito felón actualmente en Newgate incurre en el justo castigo…». Luego le dan un rapapolvo a las Indias Occidentales. «Cuando los plantadores amenazan con recurrir a algún otro poder para protegerse, creen desde luego que la pérdida de las colonias se harÃa sentir mucho. Pero…».
—El Lion ha vuelto —dije.
TenÃa la certeza de que habÃa vuelto… que debÃa estar de vuelta. Que Williams —o Sebright— habÃa intervenido en favor mÃo. O bien Serafina habÃa ido a ver al embajador español.
HabÃa regresado; tenÃa que verlo. Me levanté de golpe.
—El Lion ha vuelto —repetÃ.
El llavero gruñó.
—Llegó con retraso, hace tres dÃas.
No podÃa creer que fuese cierto.