La aventura
La aventura El hombre de la peluca se sentó y, antes de que yo hubiese comprendido lo que pasaba, un hombre gordo y sonrosado —el fiscal general—, cuya jovial papada le daba un parecido grotesco con un lechón, llamó a gritos a Edward Sadler y el nombre sonó como si un súbito fuego se extendiese por todo el tribunal. El fiscal general recogió su toga por detrás de las caderas en una especie de bulto y un hombre joven, rubio, con la barba roja y un lustroso traje, saltó a una pequeña tribuna enfrente del jurado. Saludó nerviosamente en varias direcciones y sonrió amablemente; luego me miró y frunció el entrecejo. El fiscal general se aclaró la garganta gratamente…
—MÃster Edward Sadler, usted era primer oficial del buen navÃo Victoria el dÃa 25 de mayo…
El hombre rubio de la barba roja contó su historia, la vieja historia del barco con su cargamento de café y madera tintórea; su buena travesÃa pasada la isla Grand Cayman; la detención por falta de viento frente a las costas de Cuba a tanto de latitud, y el abordaje de una goleta negra, que se hacÃa llamar corsaria mexicana. PodÃa acordarme de todo.
—El acusado atracó en una chalupa con diecisiete españoles —dijo, con voz clara, inexpresiva, mirándome en pleno rostro.
Me dirigà en voz alta al juez más viejo: