La aventura
La aventura —No, no juraré en falso —dijo él lentamente—. Creo que sà que es el hombre en cuestión. Entonces tenÃa la tez morena, naturalmente. Cuando le vi en Thames Court pensé que era él; y conociendo la prueba española, no creo que quepa la menor duda.
—La prueba española forma parte de la conspiración —dije yo.
El fiscal general se rió por lo bajo.
—Continúe, mÃster Sadler —dijo—. Desvele el resto de la conspiración.
De pronto uno de los jurados se puso a reÃr, reasumiendo enseguida un silencio avergonzado. Sadler siguió contando la vieja historia… Yo veÃa la escena según la describÃa: el enjuto Nicholson, de radiante rostro, mascaba tabaco y se subÃa los pantalones en lugar de mi Tomás, haciendo gala de sus juramentos sanguinarios y sus gestos bruscos. Allà estaba presente la ferocidad de Nicholson, terca y sin objeto.
—Llevaba dos pistolas, que disparó dos veces cada una, mientras izábamos por orden suya las velas de ala para no perder el contacto con la goleta. Disparó sobre la tripulación en dos ocasiones. Uno de los hombres alcanzados murió poco después…