La aventura
La aventura —¿RĂŤO MEDIO? —me dijo el señor RamĂłn casi dos años despuĂ©s—. Al caballero le place atribuirme unos vastos conocimientos. ÂżQuĂ© puedo yo saber de esa ciudad? Hay en ella, sin duda, hombres buenos y otros muy malvados, como en las demás ciudades. Vaya usted a saber. Su SeñorĂa debĂa preguntar a las tripulaciones de los barcos que el almirante ha mandado para incendiar la ciudad. Muy pronto estarán de vuelta.
Su mirada inescrutable y atenta me observaba detrás de sus gafas de oro.