La aventura
La aventura Eso ocurría en los soportales, frente a su tienda en Spanish Town. Los largos toldos restallaban ligeramente. Delante de la puerta de al lado un gran letrero proclamaba: «Oficina del Buckatoro Journal». Habían pasado, como ya he dicho, dos años… tiempo en el que, como Carlos me había predicho, tuve que trabajar duramente, y que resultó ser de una extraordinaria monotonía. Había bajado de Horton Pen a Spanish Town, esperando una carta de Verónica y, como la diligencia no había llegado todavía, me había puesto a charlar con Ramón acerca de un envío de artículos de mercería yanquis que se disponía a vender a precios exorbitantemente baratos. Fue en la época en que acababa de saberse que el almirante Rowley pensaba dar un enérgico golpe de mano contra los piratas que infestaban el golfo de México, arruinando casi por completo el comercio de Jamaica. Por supuesto, habíamos hablado de la misteriosa ciudad en la que se suponía que los piratas tenían su cuartel general.