La aventura
La aventura A mí me traían completamente sin cuidado ambos grupos (sólo buscaba aventuras), pero me incliné por los separatistas, porque Macdonald, con quien viví durante dos años en Horton Pen, era uno de ellos, con la típica impasibilidad de los escoceses. Procedía del condado de Argyll y había llegado a la isla en 1796 siendo un chaval, abriéndose camino hasta convertirse en agente de las propiedades de Rooksby en Horton Pen. El también tenía una pequeña propiedad en la boca del río Minho, donde cultivaba arroz con gran provecho. Había sido el primero qué lo plantó en la isla.
Horton Pen estaba situado al pie del escarpado farallón blanco en que termina el valle de St. Thomas, que recuerda un poco a los acantilados de Dover, suspendido sobre un océano verde de campos de caña de azúcar, alternándose con arbustos de pimienta de Jamaica. La esposa de Macdonald, de enorme corpulencia, pelo negro como el azabache, ojos endrinos y muy parlanchína, era la mujer más maternal que he conocido… seguramente porque no tenía hijos.
La aparente anomalía de mi situación pasó a mejor vida con la llegada del siguiente correo del exterior. Verónica me escribió a mí, y Ralph a su apoderado y a los Macdonald. Pero para entonces la señora Macdonald había zurcido mis calcetines más de diez veces.