La aventura
La aventura Desde hacía un mes, poco más o menos, el Journal se había mostrado más activo que de costumbre y eso se debía únicamente a que Rowley se disponía a confundir a sus calumniadores con el ataque naval a Río Medio, pues no había llegado ninguna orden de detención contra David Macdonald. Cuando le vi hablando con Ramón, imaginé que el jinete debía de haber traído noticias de la orden de detención, y que David se disponía a huir. Bajando ágilmente a saltitos los escalones del almacén de Ramón, desapareció en la oscuridad de su propia puerta. Ramón volvió sus gafas hacia mí lentamente.
—Ahí lo tiene —dijo—. Es un disparate; un enorme disparate. Es inconcebible enviar únicamente barcos pequeños para atacar a semejante nido de canallas.
El caballista había traído noticias de que los barcos de la escuadra de Rowley habían sido rechazados con grandes pérdidas en su ataque a Río Medio.
Ramón siguió hablando con un aire de enorme superioridad.
—Y mientras tanto, nosotros los comerciantes estamos perdiendo millares.