Nostromo
Nostromo En cuanto al mozo, que era un vecino de Sulaco, su mujer le mandó decir algunas misas; la leyenda popular guarda silencio sobre el pobre cuadrúpedo, y desde luego cabe suponer que, por ser irresponsable, se le permitirÃa morir; mas por lo que a los dos gringos se refiere, créese que moran en forma de espectros vivos hasta el dÃa de hoy entre las rocas, bajo el fatal hechizo del éxito alcanzado. Sus almas no pueden arrancarse de los cuerpos que informan, y los codiciosos precitos viven condenados a dar guardia al descubierto tesoro. Ahora son ricos, pero padecen hambre y sed. ¡Extraña teorÃa, elaborada en el espÃritu del pueblo bajo de la comarca, a juicio del cual los tozudos fantasmas gringos sufren en su carne, consumida de inedia y abrasada de sed, el castigo de herejes obstinados, mientras que un cristiano se hubiera arrepentido y alcanzado de ese modo el perdón libertador!
Tales son los legendarios moradores de Azuera, guardianes de su riqueza prohibida. Y, volviendo ahora a nuestra descripción, la sombra proyectada sobre el cielo en un lado, con la mancha redonda de bruma azul que borra el brillante borde del horizonte en el otro, marcan los dos puntos extremos del arco que lleva el nombre de Golfo Plácido; denominación que le cuadra a maravilla, porque no hay noticia de que ningún viento tempestuoso haya perturbado jamás la paz de sus aguas.