Nostromo
Nostromo Al cruzar la línea imaginaria trazada desde Punta Mala hasta Azuera, los barcos, salidos de Europa con destino a Sulaco, pierden al punto las recias brisas del Océano, y son presa de caprichosos vientos que juegan con ellos, a veces por espacio de treinta horas seguidas. Los tripulantes de esos barcos pueden contemplar cómo la mayoría de los días del año el fondo del dormido golfo se llena de una gran masa de inmóviles y opacas nubes.
En las raras mañanas de ambiente despejado, otra sombra cae sobre la tranquila superficie. La claridad del día rompe en lo alto por detrás del colosal y aserrado murallón de la Cordillera, ofreciendo una visión nítidamente perfilada de oscuros picos, que yerguen sus escarpadas vertientes sobre un alto pedestal de bosque, asentado en el borde mismo de la playa. Entre ellos se alza majestuosa sobre el azul la blanca cima del Higuerota. Aglomeraciones desnudas de enormes rocas salpican con manchitas negras el alisado domo de nieve.