Nostromo
Nostromo —No creo posible que nos pongamos de acuerdo en esta discusión —repuso filosóficamente—. Cada hombre tiene sus dotes. HabÃa usted de haber oÃdo a Camacho arengar desde una casa a sus partidarios que estabas en la calle. Posee una voz de trueno, y vociferaba como loco, levantando el puño cerrado por encima de su cabeza y echando adelante la mitad del cuerpo, como si fuera a tirarse por la ventana. Y a cada pausa, la turba aullaba " ¡Abajo los oligarcas! ¡Viva la libertad!" Fuentes, que estaba dentro, tenÃa una cara que daba lástima. Como usted no ignora, es el hermano de Jorge Fuentes, que años atrás desempeñó la cartera de ministro del Interior unos seis meses. Por supuesto, no tiene conciencia, pero es un hombre instruido y de buena familia; en cierta época estuvo al frente de la aduana de Cayta. El bruto y estúpido Camacho le obligó a unirse con él y con la gentuza que acaudilla, toda de la peor ralea. El temor enfermizo que le inspiraba ese bandido era el espectáculo más cómico que cabe imaginar.
Se levantó y fue a la puerta para echar una mirada al puerto.
—Todo tranquilo —dijo—. Me ocurre la duda de si realmente Sotillo tendrá intención de volver aquÃ.