Nostromo
Nostromo Tal indiferencia e imparcialidad supo fingir, que Sotillo pareció convencido de su perfecta inocencia. Hasta entonces se habían practicado los interrogatorios, dándoles la apariencia de una indagatoria en regla: uno de los oficiales, sentado a la mesa, escribía las preguntas y las respuestas, mientras los demás, acomodados perezosamente en los sillones, sacaban bocanadas de humo de sus largos puros, escuchando atentamente con los ojos clavados en el doctor. Pero entonces Sotillo los mandó salir a todos menos a Monygham.