Nostromo
Nostromo —¿Cómo muchos años? No lo comprendo —murmuró mirándola con una ligera sonrisa.
La señora Gould aparecÃa rejuvenecida por la inteligente movilidad de sus facciones.
El hombre de negocios londinense, positivista de tomo y lomo, que consideraba como fruslerÃas despreciables todo lo que no significara progreso material, prosiguió:
—Nosotros no podemos devolverles a ustedes su tribunal eclesiástico; pero en cambio les daremos más vapores, un ferrocarril, un cable telegráfico…, un porvenir en el gran mundo, todo ello de valor infinitamente superior a las pasadas magnificencias. Se pondrán ustedes en contacto con algo más grande que dos virreinatos. Pero yo no tenÃa idea, repito, de que una ciudad de la costa pudiera permanecer tan aislada de las demás partes del globo. Nada: como si hubiera estado escondida un millar de kilómetros tierra adentro, sin linaje alguno de comunicación… ¡Es notabilÃsimo! Y ¿ha ocurrido aquà algo importante en los últimos cien años?