Nostromo
Nostromo El renombrado capataz, los codos sobre las rodillas y un puño hundido en cada carrillo, se rió burlándose de sí propio, como había escupido ante él en la oscuridad de la noche. Las confusas e íntimas impresiones de universal desastre, que abaten a un hombre poseído de su valer, presentando a sus ojos un fuerte obstáculo a su pasión dominante, tuvieron una amargura parecida a la de la misma muerte. Nostromo era un hombre sencillo, propenso a ser presa de cualquier creencia, superstición o deseo, como un niño de pocos años.