Nostromo
Nostromo Lo más curioso era que la interesada no daba muestras de advertirlo; y si alguien le hubiera hablado de la sentida gratitud con que se citaba su nombre al borde de las nieves en las alturas visibles desde Sulaco, con una sonrisa y la sorpresa reflejada en sus ojos grises muy abiertos, habrÃa protestado de que no habÃa hecho nada de particular por los ingenieros. Y a continuación, tomando cierta expresión reflexiva, habrÃa hecho como que aguzaba su ingenio para hallar la explicación de aquel agradecimiento: «No tenÃa nada de extraño, porque a los pobres muchachos no podÃa menos de causarles viva impresión cualquier amable acogida que hallaran en tan remoto paÃs. En ello, sin duda, tenia que entrar por mucho la nostalgia. Todos, a lo que creo, padecemos algo del mismo achaque».
Siempre la movÃan a compasión los que se sentÃan tristes por estar fuera de su patria.