Nostromo
Nostromo La esposa del administrador de la mina de Santo Tomé tenía su casa española (que era uno de los mejores ejemplares de Sulaco) abierta siempre para dispensar a sus visitantes las menudas finezas de la hospitalidad. Y lo hacía con llaneza y gracia especiales, guiándose por una atenta percepción de los distintos valores. Poseía en alto grado el don del trato social, que consiste en olvidarse de sí mismo en una infinidad de delicados pormenores y en adaptarse al genio de los demás. Carlos Gould no había reparado bastante en esa notable cualidad de su consorte. Siguiendo las tradiciones de su familia, que, aunque establecida en Costaguana por tres generaciones, acudía siempre a Inglaterra para efectuar allí los estudios y el casamiento, creía haberse enamorado de la joven que ahora era su mujer, en atención a la amable sensatez de que le había dado tantas pruebas; pero no era precisamente esa dote la que le granjeaba la estimación de cuantos visitaban la casa Gould; como había ocurrido, por ejemplo, con todo el cuerpo de ingenieros de la vía, desde el más joven hasta el veterano jefe, que no se cansaban de recordar los excelentes ratos pasados en casa de la señora Gould, mientras sufrían las inclemencias de la intemperie en los altos picos de la Sierra.