Nostromo
Nostromo —Buenos dÃas, Gisela. ¿Esta Linda todavÃa en casa?
—SÃ, en el cuarto grande con padre.
Acercóse entonces Fidanza, y, echando una mirada al interior de la alcoba por temor de que le descubriera su prometida al volver allà por cualquier motivo, dijo, moviendo sólo los labios:
—¿Me amas?
—Más que a mi vida.
Sin dejar su bordado, que contemplaba con mirada distraÃda, siguió diciendo:
—Sin tu amor no podrÃa vivir. No podrÃa, Giovanni. Porque esta vida es para mà una muerte. ¡Oh, Giovanni! Moriré si no me llevas lejos de aquÃ.
El sonrió frÃamente y dijo:
—Volveré a la ventana cuando sea de noche.
—No, Giovanni. Esta noche no. Linda y padre han estado hablando hoy juntos por largo tiempo.
—¿Sobre qué?
—Sobre RamÃrez, he creÃdo oÃr. No lo sé. Tengo miedo. Siempre tengo miedo. Esto es estar muriendo mil veces al dÃa. Tu amor es para mà lo que para ti tu tesoro. Le tengo dentro de mi pecho, pero no puedo saciarme de él.