Situacion limite

Situacion limite

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Había dispuesto el camarote de conformidad con su simple ideal de comodidad en el mar. Un lado estaba ocupado por una gran librería (era un señalado lector); frente al lecho tenía el retrato de su última esposa, un óleo bituminoso y desvaído que representaba el perfil y un largo mechón ondulado, negro, de una mujer joven. Tres cronómetros le ayudaban con su tic-tac a dormirse y le saludaban al despertarle con la pequeña competición de sus timbres. Se levantaba todos los días a las cinco. El oficial de la guardia de mañana, que se tomaba el primer café a popa, junto al timón, oía por el amplio orificio de los respiradores de cobre los chapoteos, soplidos y restregones que hacía el capitán al lavarse. Ruidos seguidos por un murmullo sostenido y profundo, el del Padrenuestro recitado en voz alta y firme. Cinco minutos más tarde emergían por la escotilla la cabeza y los hombros del capitán Whalley. Invariablemente, se detenía un momento en las escaleras, girando la mirada para abarcar todo el horizonte; levantaba la vista para ver la posición de las velas; inhalaba profundamente el aire fresco. Sólo entonces salía a la toldilla, devolviendo el saludo de la mano puesta en la visera con un solemne y benévolo —buenos días—. Recorría las cubiertas hasta las ocho en punto. Alguna vez, no más de dos días al año, tenía que utilizar un grueso bastón, parecido a una porra, a causa del agarrotamiento de la cadera…, lo que suponía una leve traza de reuma. Aparte de eso, desconocía todas las enfermedades de la carne. Cuando la campana llamaba a desayunar bajaba a alimentar a los canarios, dar cuerda a los cronómetros, y ocupaba la cabecera de la mesa. Desde allí divisaba las grandes fotografías en carbón de su hija, el marido de ésta y dos niños de piernas gordezuelas —sus nietos— puestas en marcos negros incrustados en el mamparo de arce de la cocina. Después del desayuno limpiaba él mismo con un paño el cristal de esos retratos, y pasaba por el óleo de su mujer un plumero que tenía colgado de un pequeño gancho de latón junto al solemne marco dorado. Entonces, con la puerta del camarote cerrada, se sentaba en la cama, bajo el retrato, a leer un capítulo de una gruesa Biblia de bolsillo —su Biblia—. Pero algunos días se limitaba a estar allí media hora sentado, con el dedo entre las hojas y el libro cerrado sobre las rodillas. Tal vez había recordado de repente cuánto le encantaba a ella navegar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker