Situacion limite
Situacion limite Había sido una auténtica compañera de navegación y también una auténtica mujer. Para él era como un artículo de fe que nunca había habido ni podría haber ni a flote ni en tierra firme un hogar más entrañable y luminoso que su casa de debajo de la toldilla del Cóndor, con la gran cámara toda en blanco y oro, engalanada como para una fiesta perpetua con guirnaldas inmarcesibles. Ella había decorado el centro de cada panel con un ramillete de flores domésticas. Le llevó doce meses rodear todo el comedor con esa labor de amor. Para él aquello quedó como un primor de pintura, la mayor perfección de gusto y habilidad; y en cuanto al viejo Swinburne, su compañero, cada vez que bajaba a comer quedaba como paralizado de admiración al ver el progreso de la obra. Aquellas rosas casi se podían oler, según decía aspirando el lánguido olor de turpentina que en aquella época llenaba el salón, y (según confesó luego) le disminuía un poco su apetito habitual. Pero en cambio, nada empañaba el deleite que le causaba el canto de ella.
—Mrs. Whalley es un auténtico ruiseñor con todas las de la ley, señor —proclamaba con aire de juez, tras escuchar profundamente a la luz de la lumbrera hasta el fin de la pieza.