Situacion limite
Situacion limite No era fácil que el hombre lo olvidase; pero no puede uno contener la vida como quien embalsa una corriente perezosa. La vida tiene que abrirse camino y fluir por encima de las preocupaciones de uno, cerrándose sobre una pena como el mar sobre un cadáver, por grande que sea el amor que se haya ido al fondo. Y el mundo no es malo. La gente se había portado muy bien con él; particularmente Mrs. Gardner, esposa del socio principal de Gardner, Patteson & Co., empresa propietaria del Cóndor. Se ofreció a cuidar de la pequeña, y en su momento se la llevó a Inglaterra (cosa que en aquella época representaba un señor viaje, aun yendo por la ruta terrestre del correo), con sus propias hijas, para que completasen su educación. Tardó diez años en volver a verla.
De niña, nunca había tenido miedo del mal tiempo; pedía que la llevasen a cubierta enfundada en el impermeable para contemplar cómo se echaban sobre el Cóndor los enormes mares. Los torbellinos y choques de las olas parecían llenar su almita de un deleite que la dejaba sin respiración.
—Lástima de chico que hubieras sido —solía decirle él en broma.