Situacion limite
Situacion limite La habÃa llamado Ivy —hiedra— por el sonido de la palabra, y obscuramente fascinado por una vaga asociación de ideas. Se habÃa enredado prieta en torno a su corazón, y él querÃa que la chica se mantuviese junto al padre como torre de fuerza; olvidó asÃ, mientras ella fue niña, que por la naturaleza de las cosas ella elegirÃa, probablemente, arrimarse a algún otro sostén. Pero el hombre amaba la vida lo bastante como para que incluso ese acontecimiento le produjese cierta satisfacción, aparte del sentimiento Ãntimo de pérdida.
Cuando hubo comprado el Fair Maid para ocupar su soledad, se apresuró a aceptar un cargamento poco beneficioso para Australia sólo por tener ocasión de ver a la hija en su propia casa. Lo que le disgustó allà no fue que ésta se apoyase en otro, sino que el soporte que habÃa elegido, visto de cerca, parecÃa «un poste bastante endeble», incluso en cuestión de salud. Le disgustaba la estudiada urbanidad del yerno, tal vez más aún que su método de administrar la suma de dinero que él habÃa dado a Ivy al casarse. Pero no dijo ni palabra de sus aprensiones. Sólo el dÃa de la despedida, con el portal abierto de par en par, cogió las manos de la hija y, mirándola firmemente a los ojos, le dijo:
—Querida, ya sabes que todo lo que tengo es para ti y para los crÃos. EscrÃbeme con toda franqueza.