Situacion limite
Situacion limite Sólo entonces, como si la sugerencia le hubiese herido la carne a la manera de un hierro de marcar al rojo, Massy arrancó, y parecÃa dispuesto a chillar. Se contuvo con gran esfuerzo.
—Que necesitaré… un capitán —repitió con lentitud severa—. ¿Quién necesita un capitán? Se atreve usted a decirme que yo necesito que mi barco lo lleve alguno de ustedes los miserables marineros. Usted y los de su especie llevan años engordando a mi costa. No me hubiera sabido tan mal echar el dinero por la borda. Es-ta-fa-do-res inú-ti-les mi-ma-dos. Este viejo barco sabe tanto como el que más de ustedes. —Cerró sonoramente las mandÃbulas y gruñó entre dientes. —La maldita ley exige un capitán.
Entretanto Sterne habÃa conseguido a duras penas recuperar ánimo.
—Y los cretinos de los seguros también, —dijo, rápidamente—. Pero no se preocupe por eso. Lo que quiero preguntarle, señor, es: ¿Por qué no iba a servirle yo? Naturalmente, usted serÃa tan capaz de dar la vuelta al mundo con un vapor como cualquiera de nosotros, los marineros. No pretendo explicarle precisamente a usted que eso es un gran cuento…