Situacion limite
Situacion limite El capitán Whalley emergió en el otro lado como un buzo, y se quitó el sombrero en una sombra desierta que habÃa entre paredes de tiendas cerradas, para secarse el sudor de la frente. La profesión de patrona de una casa de huéspedes comportaba cierta mala nota. Se decÃa de esas mujeres que eran rapaces, sin escrúpulos y falsas; y aunque él no condenaba a ninguna categorÃa de concriaturas —¡Dios le librase!— le resultaba inverosÃmil que un Whalley se expusiese a esas sospechas. Pero no habÃa querido discutir con ella. Confiaba en que ella compartÃa sus sentimientos; lo sentÃa por ella; tenÃa confianza en su buen juicio; consideraba un don digno de gratitud el poder ayudarla una vez más… pero en lo más hondo de su aristocrático corazón le hubiese resultado más fácil reconciliarse con la idea de que se hiciese marinera. Recordaba vagamente que años atrás habÃa leÃdo una obra conmovedora llamada «Canto de la Blusa». Estaba muy bien hacer canciones sobre pobres mujeres. ¡La nieta del coronel Whalley, patrona de una posada! ¡Uf! Se volvió a poner el sombrero, metió las manos en los bolsillos, y deteniéndose un instante a aplicar una cerilla encendida a la punta de un cheroot barato, echó una amarga bocanada de humo a un mundo que podÃa guardarle a uno tales sorpresas.