Situacion limite
Situacion limite Se le estremeció el alma, como asustada de lo que se ocultaba en el fondo de este impulso. ¡Rendirse! ¡Nunca! Cuando uno está completamente agotado, se le ocurren toda clase de tonterías. Menudo regalo sería aquello para la pobre mujer: setecientas libras con el engorro de un viejo de buena salud, que podía durar años y años. ¿No era tan capaz de morir trabajando como cualquier joven de los que tenían a su cargo aquellos barcos fondeados allá lejos? Estaba tan fuerte como en los mejores momentos de su vida. Pero ¿quién querría darle trabajo? Eso era harina de otro costal. Se temía que no le tomasen en serio si se presentaba con su aspecto y antecedentes a buscar la plaza de un joven; o que si conseguía impresionarles, tal vez se apiadasen de él, lo que sería como desnudarse para que le diesen una patada. No tenía ningunas ganas de entregarse por menos que nada. No quería la compasión de nadie. De otro lado, no era nada fácil encontrar en la primera esquina el mando de un buque, que era lo único decente a que podía aspirar. Ahora no abundaban las ofertas de mando. Desde que desembarcara para realizar la venta, había mantenido el oído alerta, sin oír ni indicios de que hubiese alguna vacante en el puerto. Y aunque la hubiese habido, su éxito del pasado era un obstáculo. Había sido demasiado tiempo empresario de sí mismo. La única credencial que podía presentar era el testimonio de toda su vida. ¿Qué mejor recomendación se podía pedir? Pero sentía, vagamente, que ese documento único sería observado como curiosidad arcaica de los mares de Oriente, como un mensaje escrito en palabras obsoletas… en un lenguaje medio olvidado.