Situacion limite
Situacion limite Había habido un tiempo en que los hombres contaban. Entonces no había en la colonia tantos carruajes, aunque suponía que Mr. Denham tenía un buggy. Y parecía que el capitán Whalley hubiese sido barrido de la gran avenida por el torbellino de un vendaval mental. Recordaba costas fangosas, un puerto sin muelles, con un solitario malecón de madera, arqueado, que se adentraba en el agua (era una instalación pública), los primeros almacenes de carbón levantados en Monkey Point, que se incendiaron misteriosamente y ardieron durante días, de modo que los atónitos buques llegaban a un fondeadero lleno de niebla sulfurosa, y a mediodía el sol brillaba rojizo. Recordaba las cosas, los rostros, y también algo más: como el débil aroma de una copa apurada hasta el fondo, como una sutil luminosidad del aire que era imposible encontrar en la atmósfera de hoy.
En esta evocación, rápida y llena de detalles como un flash de magnesio proyectado sobre los nichos de una obscura cripta, el capitán Whalley contemplaba cosas en otro tiempo importantes, los esfuerzos de hombres pequeños, el crecimiento de una gran base, despojada ya sin embargo de relevancia por la magnitud de las realizaciones posteriores, por esperanzas mayores todavía; y todo ello le dio por un instante una aprehensión casi física del tiempo, una comprensión tal de nuestros sentimientos inmutables, que se detuvo en seco, dio un golpe en el suelo con el bastón y exclamó mentalmente: