Situacion limite
Situacion limite El Delegado General, sumergiendo las manos en los bolsillos de una chaqueta de alpaca demasiado corta y ajustada para un hombre de su edad y aspecto, caminaba con una leve cojera, y la cabeza le llegaba apenas al hombro al capitán Whalley, que caminaba ágilmente, mirando al frente. Años atrás habían sido buenos compañeros, casi íntimos. Por entonces Whalley mandaba el famoso Cóndor, y Eliott tenía a su cargo el casi tan célebre Ringdove, propiedad de los mismos armadores; y cuando se creó el puesto de Delegado General Whalley hubiera sido el único candidato que le pudiese hacer sombra. Pero el capitán Whalley, que entonces estaba en la flor de la vida, había decidido no servir a nadie más que a su benévola fortuna. Muy lejos, atendiendo a sus negocios, se alegraba al oír que al otro le había ido bien. El fofo Ned Eliott tenía una flexibilidad mundana que le sería muy útil en aquella especie de cargo oficial. Y en el fondo ambos eran tan distintos que cuando llegaban lentamente al fin de la avenida, delante de la catedral, a Whalley no se le hubiera ocurrido que él pudiese estar en el lugar de aquel hombre, en su puesto vitalicio.