Situacion limite
Situacion limite —¿TodavÃa no?
—El sol deslumbra mucho, Tuan.
—Vigila bien, serang.
—SÃ, Tuan.
Un hombre blanco habÃa subido desde la cubierta por la escala, sigilosamente, escuchando atentamente aquel breve coloquio. Luego avanzó por el puente y se puso a pasear de un lado para el otro, sosteniendo la larga caña de madera de cerezo de una pipa. El negro pelo cruzaba aplastado en entecas bandas la calva cima del cráneo; tenÃa cejas espesas, tez amarilla, y una gran nariz amorfa. Una clara barba no ocultaba el perfil de la mandÃbula. Su aspecto era de gran preocupación; y al chupar una boquilla curvada y negra, presentaba un perfil tan proyectado hacÃa adelante y hacia abajo, tan ominoso, que ni el serang podÃa evitar a veces el pensamiento de que algunos blancos eran extremadamente desagradables.
El capitán Whalley pareció enderezarse en la butaca, pero no dio señales de haber advertido su presencia. El otro soltaba bocanadas de humo; entonces, de repente:
—Nunca podré entender esta nueva manÃa suya de tener a este malayo aquà como si fuese su sombra, socio.