Situacion limite
Situacion limite El capitán Whalley habÃa terminado el análisis de la conveniencia de dar aquel paso… y todavÃa tenÃa la noche entera por delante. Cuando la luz le daba de lleno la larga barba brillaba como peto de plata que le cubriese el corazón; en los espacios que mediaban entre las farolas su magna estampa pasaba más confusa, alcanzando proporciones colosales, tambaleante y misteriosa. No; realmente los hombres no eran muy peligrosos; y todo el tiempo marchaba con él la sombra, sesgada a su izquierda y hacia adelante… lo cual constituye en Oriente un mal augurio.
* * *
—¿No puedes ver aún el grupo de palmeras, serang? —preguntaba el capitán Whalley desde su butaca del puente del Sofala al acercarse al bajÃo de Batu Beru.
—No, Tuan. Ya aparecerá. El viejo malayo, enfundado en traje azul mahón, con los huesudos pies obscuros clavados bajo el toldo del puente, se puso las manos detrás y miró hacia adelante por en medio de las innumerables arrugas de las comisuras de los ojos.
El capitán Whalley estaba sentado quieto, sin levantar la cabeza para mirar por sà mismo. Tres años… treinta y seis veces. HabÃa abordado aquellas palmeras treinta y seis veces desde el sur. Se dejarÃan ver en el momento oportuno. Gracias a Dios, el viejo barco llegaba a las escalas de la ruta puntual como un reloj. Al cabo murmuró de nuevo.