Situacion limite
Situacion limite Caminaba de un lado para otro. Al fin y al cabo, el puente era suyo. Lo había pagado él; y con la pipa en la mano se detenía a veces en seco como para escuchar con atención profunda y concentrada el golpeteo amortiguado de las máquinas (sus máquinas) y el leve rechinar de las cadenas del timón, sobre el fondo del continuo restregar del agua contra los flancos del buque. De no ser por esos ruidos el barco hubiera parecido completamente parado, como si estuviese amarrado a un muelle, y tan silencioso como si hubiese desertado de él todo bicho viviente; sólo la costa, la baja costa de barro y mangles con tres palmeras formando un ramo en la jiba, se distinguía cada vez con más detalle, con su alargada silueta; ni un solo rasgo de ella llamaba la atención. Los pasajeros nativos del Sofala yacían en esteras, bajo los toldos; el humo de la chimenea parecía la única señal de vida, relacionada, en misteriosa forma, con el movimiento deslizante.
El capitán Whalley, de pie, con unos prismáticos en la mano y el pequeño malayo al lado, como un viejo gigante servido por pigmeo anémico, estaba llevando el buque por las aguas poco profundas del bajío.