Situacion limite
Situacion limite Massy, muy envarado, escuchando con atención, habÃa clavado la mirada en la nuca plateada y afeitada de aquella vieja testuz. Hubiera parecido que el barco no se movÃa, de no ser por el descenso gradual de la profundidad bajo su quilla.
—Trece pies… ¡Trece! ¡Doce! —gritaba el de la sonda ansioso bajo el puente. Y, de repente, el serang de pies desnudos se apartó sin hacer ruido para echar una mirada por la borda.
Estrecho de hombros, enfundado en ajado traje azul de algodón, con un viejo sombrero de fieltro gris calado hasta las orejas y un hoyo en la obscura nuca, con sus escuálidas piernas, por la espalda parecÃa un chaval de catorce años. Y algo habÃa de impulsividad infantil en la curiosidad con que miraba expandirse las amplias convoluciones amarillas que surgÃan a la superficie del agua como enormes nubes que evolucionasen hacia el cielo insondable. No le asombró en absoluto verlo. Estaba seguro de que la quilla del Sofala tenÃa que estar levantando limo, y por eso habÃa ido a mirar por la borda.