Un vagabundo de las islas

Un vagabundo de las islas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Alguien pasó a su lado y le dio las buenas noches. Entonces él aligeró el paso aún más.

Luego vio brillar a su izquierda un débil punto de luz en la puerta del jardín de Mr. Winck. Recostado contra uno de los pilares de ladrillo de la entrada, Mr. Winck, el cajero de «Hudig y Compañía», fumaba su último cigarro de la tarde. Desde lejos, a pesar de la pálida claridad de la luna, reconoció a su compañero, y murmuró:

—Es nuestro excelente Mr. Willems.

Una voz afirmó a sus espaldas:

—¿Es verdad lo que afirman de él? Dicen que le pega a su mujer…

Era Mrs. Winck la que había hecho esta pregunta, y el marido hizo un gesto vago y contestó con voz lenta y serena:

—¡Oh, no, querida, no!

Willems no era de los que pegan a las mujeres. De haber querido martirizar a su esposa no habría echado mano de aquel procedimiento primitivo de los golpes. Él conocía muy bien a Willems, y le tenía por un hombre muy listo y eficiente. Y dando la última chupada al cigarro, Mr. Winck recordó que él fue, él mismo, quien dio excelentes informes de Willems en «Hudig y Compañía» cuando Mr. Hudig proyectó confiar a aquél los primeros asuntos importantes.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker