Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —Escuchad a estos hombres, ¡oh protector de los oprimidos, prÃncipe generoso y dulce de nuestra raza! ¿Qué podemos hacer si Lingard nos sigue dominando de ese modo? Nuestros mercaderes no pueden comerciar. La competencia con ese maldito acabará por arruinarnos y perdernos a todos. ¡Y él quiere ser el único en la colonia, no quiere que nadie comercie más que él, que nadie viva más que él!
Sahamin se puso en pie, y después de inclinarse tres veces ante el prÃncipe, comenzó a hablar con gran énfasis.