Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —SÃ, ya te entiendo. Eres de los que se escapan de casa… Pero ¿por qué no te diriges a tus compatriotas, en vez de acudir a mÃ?
—Porque me obligarÃan a volver a mi paÃs —repuso el joven.
—SerÃa lo mejor.
—No, no, de ninguna manera —repuso el chico, que no era otro que Willems—. En mi paÃs no hay dinero…, no van bien las cosas.
—Entonces, tú lo que quieres es dinero, ¿no es as� ¿Cuántos años tienes?
—Diecisiete.
—¿Y tienes hambre?
—Un poco…
—Entonces, ¿quieres acompañarme en aquel buque? Ahà tengo una barca esperándome.
Por toda respuesta, el muchacho comenzó a andar hacia las escalerillas del muelle y saltó a la barca, sentándose en un banco de popa.
El capitán se sentó a su vez en la proa y dio una breve orden al remero malayo, que impulsó vigorosamente la pequeña embarcación en dirección al bergantÃn, cuyas luces marcaban en la oscuridad la silueta del buque.
Asà empezó su carrera de aventurero el ilustre Willems.