Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —¡Aissa —siguió diciendo Willems tras un instante de silencio—, Aissa, vámonos! Teniéndote a mi lado, nada podrá vencerme. Mis manos desnudas y sin armas me bastarán para derribar todos los obstáculos y vencer a todos nuestros enemigos. Mañana mismo estarÃamos a bordo del buque de Abdulah, y si el barco no se hiciera pronto a la mar, robarÃamos una canoa y huirÃamos nosotros solos… A ti no te da miedo el mar, ni a mà tampoco. En el mar encontrarÃamos nuestra libertad para siempre.