Un vagabundo de las islas

Un vagabundo de las islas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El marino experimentó una inmensa tristeza, el vacío que producen los grandes dolores, la sensación de que una parte de su pecho había quedado hueca y fría, abandonada, y que le sería imposible vivir o morir, escapar, libertarse de aquella horrenda tortura. Las palabras, la acción, la cólera, el olvido, todas nuestras pasiones, le parecieron inútiles y vanas, indignas del dolor y del esfuerzo que exigían de nosotros. Le pareció, sobre todo, que una cadena fortísima e invisible le ataba para siempre a aquel lugar, a aquella explanada triste y maldita.

Entonces, sin darse cuenta de lo que hacía, se apartó de Willems y de Aissa, pero éstos le siguieron. Después le pareció que se encontraba muchísimo más lejos de aquellas dos odiosas personas de lo que estaba en realidad, y que si daba otro paso más los perdería de vista para siempre. ¿Deliraba acaso? Al fin se rehízo y recobró su propia personalidad, perdido en el delirio de un instante doloroso.

Como si contemplara a Willems y a Aissa desde una inmensa altura, murmuró:

—¡Le ha poseído el demonio por algún tiempo, Willems!

—Sí —repuso éste mirando a Aissa—. Un demonio que no tiene nada de hermoso, ¿verdad?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker