Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas Después de marcharse Lingard, un silencio y una soledad absolutos, terribles, parecían haber rodeado a Willems.
Era el silencio que se hace en torno a los caídos, la soledad que rodea a los vagabundos, a los que se ven rechazados por todos, como si fueran seres de otra especie.
Una paz amarga parecía reinar en el corazón de aquel hombre, donde no vivían más que los recuerdos dolorosos de un pasado cruel. Pero ningún remordimiento le atormentaba. Aislado en su orgullo, seguía considerándose un hombre superior, perseguido por la desgracia, condenado por una suerte fatal a no ver realizados nunca sus sueños, sus esperanzas y sus anhelos.