Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas La muchacha fue, naturalmente. Para ella, él era algo nuevo, desconocido y extraño. Él era el más grande, el más fuerte y el más atractivo de todos los hombres que habÃa visto hasta entonces, diferente de todos los que habÃa conocido. PertenecÃa a la raza victoriosa y dominadora de los blancos. Al recordar la gran catástrofe de su existencia, cuando su padre quedó ciego y ellos tuvieron que abandonar el suelo natal, Willems se le aparecÃa como algo enorme y peligroso a la vez, que la atraÃa con el encanto del peligro. Aquellos hombres hablaban con voz firme de dominadores y miraban a los otros hombres con ojos duros, a veces terribles. ¡Y ella habÃa hecho que uno de aquellos hombres le hablase con voz dulcÃsima y la mirara con ojos llenos de ternura!
Aissa no comprendÃa todas las palabras del hombre blanco; pero los fragmentos de conversación que podÃa entender le habÃan hecho adivinar que era un hombre grande entre los suyos, valeroso y desgraciado, un bravo fugitivo que soñaba también en vengarse de sus enemigos. Todo esto le rodeaba de una aureola que le embellecÃa más y más ante los ojos de la muchacha.