Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas Conforme transcurrÃa el tiempo, la muchacha, que perdÃa el miedo, se iba acercando más y más a Willems. Éste observaba a la mujer, que parecÃa rendirse poco a poco al encanto de sus palabras de amor y de pasión. Era el eterno milagro del acercamiento de los seres, que se repite desde el principio de la Creación y que sólo terminará cuando no haya sobre la Tierra labios que besen ni oÃdos que oigan… El hombre le decÃa que era bella y atractiva, y dÃa tras dÃa le repetÃa estas frases como una oración. Y dÃa tras dÃa también iba viendo Willems cómo la mirada de la joven se hacÃa más dulce, más confiada, cómo la sonrisa apenas se borraba de sus labios, y cómo una expresión de encanto y de ensueño iluminaba su rostro cobrizo con creciente ternura.