Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas Le parecía haber entregado lo mejor de su alma, la parte más pura y alta de su vida, de su raza y de su civilización, a un ser salvaje y bestial que se había refugiado dentro de su pecho. Willems no razonaba esto, pero tenía la noción de estar perdido entre un caos de cosas peligrosas y horribles. Y en vano intentó luchar contra el fantasma de aquel vencimiento, de aquella derrota absoluta.
Al fin, abatiendo los brazos, que cayeron pesadamente a lo largo de su cuerpo, inclinó la cabeza sobre su pecho y lloró, perdido en medio de la noche oscura, en el silencio del bosque inmenso y perfumado.