El corsario rojo
El corsario rojo —He oÃdo decir que se ha visto en la costa pabellones portadores de falsos colores, que algunos barcos han sido saqueados y sus tripulaciones y sus pasajeros maltratados. Se cree que el famoso Corsario ha sido el que los ha saqueado en la región del continente perteneciente a España, y que se ha visto no hace mucho en el mar de las Caribes un barco que se cree que es el crucero de dicho pirata.
Wilder no respondió. ParecÃa esperar lo que iba aún a decir. El aya reflexionó un instante, y añadió:
—Por lo demás, la profesión de negrero es tan despreciable en sà misma; y desgraciadamente tan sólo es probable que sea a eso a lo que se dedique ese barco… Quisiera conocer el motivo de sus singulares afirmaciones, señor Wilder.
—No puedo explicarlas mejor, señora, y si mi forma de decirlas no produce efecto, fracaso totalmente en mis intenciones, que por lo menos son sinceras.
—¿Ha disminuido el peligro por su presencia?
—Es menor, pero siempre existe.
Hasta entonces Gertrudis habÃa escuchado esta conversación como si hubiera sido ajena a ella; pero en ese momento se volvió vivamente, y quizá con un ligero movimiento de impaciencia, hacia Wilder, y le preguntó ruborizándose, con una sonrisa que hubiera arrancado una confesión al hombre más endurecido: