El corsario rojo
El corsario rojo Hubiera sido difÃcil a uno u a otro de los dos descontentos responder de una forma satisfactoria a esta pregunta; los dos eran vÃctimas de los temores sobrenaturales y supersticiosos que se veÃan poderosamente reforzados por el aspecto más real y más sensible de la noche.
—¡Mirad lo que se aproxima! —gritó Wilder. Entonces, volviéndose hacia la tripulación silenciosa y atenta, continuó con voz terrible y enérgica—: ¡Halad la verga de proa!, ¡halad, amigos mÃos, fuerte y firme!