El corsario rojo
El corsario rojo Asà pasaron los minutos, las horas, y todo el dÃa, hasta que se vio como la oscuridad se deslizaba lentamente a lo largo del vasto abismo, estrechándose poco a poco el horizonte del lado este, hasta que la visión quedó limitada a un cÃrculo estrecho y sombrÃo alrededor del lugar donde se encontraban. A este cambio siguió otra hora terrible durante la cual parecÃa que la muerte se disponÃa a visitarles rodeada de todo lo que de sus horrores es más espantoso.
—¿Se aproxima el momento fatal? —preguntó mistress Wyllys con toda la entereza de que era capaz en una situación tan crÃtica.
—SÃ. El barco ha hundido ya sus imbornales en el mar; algunas veces un barco puede sobrenadar hasta que está totalmente cubierto de agua. Si el nuestro ha de irse a pique, decididamente eso ocurrirá muy pronto.
—¿Si debe irse a pique, dice usted? ¿Hay acaso alguna esperanza de que pueda permanecer a flote?
—Ninguna —dijo Wilder callándose para escuchar el sonido creciente y amenazador que salÃa de las profundidades del barco, mientras que el agua se abrÃa paso por todas partes, y resonaba como el rugido de cualquier monstruo terrible en su última agonÃa—; ninguna ha perdido ya el equilibrio.