El corsario rojo
El corsario rojo —Ya es demasiado tarde para vacilar —dijo mistress Wyllys—, acerca de que el navÃo sea amigo o enemigo; nos han visto.
Wilder no respondió nada, pero continuó observando los movimientos del barco. Un instante después se vio a la proa del navÃo cambiar de dirección para avanzar hacia ellos. Cuatro o cinco amplias velas estaban desplegadas por diferentes lados.