El corsario rojo
El corsario rojo —Utilice todos los términos de triunfo y de reproche que le plazca, señor —dijo Wilder ruborizándose—, sus palabras no pueden ahora ofenderme; sin embargo no quisiera quitarle la carga de todo el desprecio que usted cree que merezco.
—Hable libremente, señor; actualmente es usted mi huésped.
—No le enseñaré sin duda nada nuevo —dijo—, al decirle que el ruido general dado a su conducta y a su carácter tiene un color que no puede asegurarse la estima de los hombres.
—Puede encontrar placer en oscurecer los matices —dijo el Corsario, aunque su voz temblorosa por la emoción anunció evidentemente cuán sensible era la herida que le producÃa la opinión de la gente, que él trataba de menospreciar.