El corsario rojo
El corsario rojo —El bribón es bastante modesto para no enarbolar pabellón en nuestra presencia —dijo Bignall haciendo notar esta circunstancia a su compañero como si fuera un augurio favorable de su triunfo—. Avancemos hacia él hasta que estemos a una distancia razonable, y entonces usted cogerá la chalupa.
Debido a esta determinación, el Dardo viró de borda, y desplegó varias velas para acelerar la marcha. Cuando estuvo a medio tiro de cañón, Wilder dijo a su oficial superior que no era conveniente avanzar más a fin de evitar toda apariencia de hostilidad. Se botó una chalupa, y bajaron los que iban a remar, se puso un pabellón parlamentario en la proa, y se comunicó que todo estaba preparado para que embarcase el portador del mensaje.