El corsario rojo
El corsario rojo —Le puede decir el estado de nuestras fuerzas, señor Arca; como es un hombre razonable, se dará cuenta de nuestra supremacÃa sobre él —dijo el capitán después de darle múltiples instrucciones y repetirlas varias veces—. Creo que puede ir hasta él para prometer amnistÃa con respecto al pasado, siempre que acepte mis condiciones; pero en todo caso dÃgale que toda mi influencia será utilizada para obtener el perdón total, al menos para él. ¡Que Dios le proteja Harry! Tenga cuidado de no decirle nada de las averÃas que sufrimos en nuestro encuentro de marzo último, ya que… si… el viento del equinoccio era furioso en esa época. ¡Adiós, que tenga éxito!
La chalupa se alejó del barco cuando terminó de hablar, y al cabo de unos instantes Wilder estaba fuera del alcance de la voz del capitán. Nuestro aventurero tuvo bastante tiempo para reflexionar sobre la extraña situación en que se hallaba, durante el trayecto que habÃa de hacer para llegar al otro navÃo Una o dos veces su espÃritu se vio agitado por un ligero movimiento de inquietud y de desconfianza, y apenas sabÃa si las gestiones que estaba haciendo serÃan muy prudentes; pero el recuerdo del elevado espÃritu del hombre en cuyas manos se iba a poner se presentó siempre ante él para impedir sus temores de vencer.