El corsario rojo
El corsario rojo Esta brusca pregunta iba dirigida al embobado aldeano que el lector ya conoce, y que, llevando bajo el brazo el arreglo que le acababa de entregar el sastre, se puso en camino para ir a escuchar la historia del contramaestre, y aprenderse las historias con las que pensaba obsequiar a sus amigos en el pueblo. Una risa general se extendió por la sala a costa del honrado Pardon. Nightingale echó una mirada significativa a uno o dos de sus íntimos, y aprovechando la ocasión para refrescarse con un poco de ron y agua, continuó: