El corsario rojo
El corsario rojo Las únicas palabras que había dicho fueron para dirigir los movimientos del barco y cuando alguien se atrevía con otro motivo a aproximarse a él, un gesto, al que nadie se arriesgaba a desobedecer, le hacía ver la soledad que deseaba tener. Una o dos veces el joven Roderick se le acercó; pero hacía tan poco ruido, retenía con tanto cuidado su respiración, que se hubiera podido creer que era el ángel de la guarda que vigilaba a su protegido.
Sin embargo, cuando el sol salió brillando y radiante del seno de las aguas de Oriente, se dio un cañonazo para llamar a un barco costero y atraerlo hacia el Delfín; y entonces todo hizo creer que el telón iba a levantarse para la última escena del drama.
Situada la tripulación sobre el puente, el Corsario, estando junto a él en la popa los principales de sus prisioneros, habló a los suyos en estos términos: