El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Ningún hombre honrado lo negarÃa —dijo el explorador, algo molesto por la desconfianza mostrada hacia su explicación del misterio de las mareas—; y admito que es verdad a una escala menor, allà donde la tierra es llana. Pero todo depende de la escala según la cual juzgas. Mira, a pequeña escala, la tierra es llana; pero, a gran escala, es redonda. De este modo, los lagos y las lagunas, e incluso los grandes lagos de agua fresca, pueden estancarse, como ambos sabemos porque los hemos visto; ahora bien, cuando se trata de una gran extensión de agua, como el mar, si la tierra es redonda, ¿cómo puede quedarse quieta el agua? Es igual que esperar a que el rÃo se paralice a orillas de esas rocas negras que están una milla más arriba, ¡y sin embargo tus oÃdos te dicen que está rompiendo sobre ellas en este preciso instante!
Aunque la filosofÃa de su acompañante no le satisfacÃa; el indio tenÃa demasiada dignidad como para mostrar su incredulidad. Escuchó como si estuviese convencido, y prosiguió su narración con la misma solemnidad de antes.